Mirá, estos buñuelos son para probar qué tal la mezcla que compré, para compartir algo rico. La verdad que cuando llega diciembre, uno se acuerda de su casa y de cuando era chico, esperando el 24. Lo único que queríamos era comer natillas y buñuelos, esperando el regalo del niño Dios. Algunos con nostalgia, otros con alergia, porque llegan los hijos y la familia que hace tiempo no veíamos.
Primero, medí la mezcla de buñuelos y ponela en un bol.
Agregá el queso y empezá a revolver. De a poco, incorporá las dos cucharadas de leche, probando la humedad hasta que quede una masa suave.
Una vez unificada la masa, armá los buñuelos. Mientras tanto, poné el aceite a calentar a fuego medio; hacé la prueba con un buñuelito pequeño: si se va al fondo y regresa, el aceite está listo. Freí de tres en tres, dejando que se den vuelta solos. Cuando suban, sacalos, ponelos en papel absorbente y ¡a disfrutar!